Sobre mí

Mi interés por el yoga, o más bien la necesidad de búsqueda de algo más, nació a partir de lecturas adolescentes de Hesse, Bukowski o Sartre  y del tiempo que pasaba sumergida en preguntas sin respuestas. Más tarde, a esta inquietud espiritual se le sumaron problemas físicos tras un accidente de tráfico con 16 años. A partir de ahí, muchos días se hacían cuesta arriba por el dolor y por todo lo que suponen mentalmente cuando se cronifican. Así que cuando me enteré de que un centro de yoga había abierto en mi ciudad (allá por el año 2000) no tardé ni un segundo en asistir a una clase atraída por el halo de misticismo de aquel ambiente para mí desconocido. Salí encantada.

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Desde entonces, mi búsqueda de eso que llaman felicidad o más bien paz interior, se ha convertido en mi motor.

He practicado diferentes tipos de yoga (Sivananda, Vinyasa, Iyengar, Anusara…) y me he formado como profesora de Hatha Yoga aunque, sin duda, el flechazo fue en 2003 con el Ashtanga. Su estilo tajante para sacarte de la zona de confort y plantarte delante la realidad del cuerpo y la mente no pasa desapercibido. A través de esta práctica dinámica no queda otra que aceptar el cambio constante, rendirse al presente, respirar… y abandonar la lucha mental, si se espera hallar algo de paz interior.

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Para acompañar el conocimiento de «lo físico», practico meditación Vipassana  (la cual incorporo a mi práctica de asanas diaria) y también he estudiado  Filosofía a distancia en la Universidad. Además, me he formado en varios tipos de masaje (reflexoterapia, quiromasaje, shiatsu) que me han ayudado a ampliar mis conocimientos sobre anatomía y así comprender un poco más cómo funciona el cuerpo humano.

Me siento afortunada por haber podido ser alumna directa de Shri K. Pattabhi Jois (Guruji) en varias ocasiones desde 2003 y haber viajado a Mysore (India) para profundizar en este sistema inabarcable.

Desde 2003, Camino Díez y Tomás Zorzo (Rama) han sido mi gran fuente de inspiración y a ellos les agradezco infinitamente mis inicios, mi continuidad y mi evolución espiritual a través de la práctica de un yoga verdadero. No hay palabras para expresar todo lo que han aportado a mi vida.

Gracias a Borja Romero-Valdespino quien también me ha enseñado mucho en mi práctica y manera de enseñar. También siento un gran agradecimiento para mi querida Natalia Paisano por su gran energía y fuerza contagiosa que transmite en sus clases y por su manera de ver la vida.

Gracias también a los que no nombro y sobre todo a todos los estudiantes que con quienes me he cruzado. Sois mi constante fuente de inspiración y aprendizaje.

Om Shanti

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