Sobre mí

Mi interés por el yoga, o más bien la necesidad de búsqueda de algo más, nació a partir de lecturas adolescentes existencialistas y del tiempo que pasaba sumergida en preguntas sin respuestas. Más tarde, a esta inquietud espiritual se le sumó un accidente de tráfico. A partir de ahí, muchos días se hacían cuesta arriba por el dolor y por todo lo que este supone mentalmente cuando se cronifica y no hay estabilidad muscular en el cuerpo. Así que cuando me enteré de que había un centro de yoga en mi ciudad (allá por el año 2000) no tardé ni un segundo en asistir a una clase atraída por el halo de misticismo de aquel ambiente para mí desconocido. Salí encantada.

Desde entonces, mi búsqueda de eso que llaman felicidad o paz interior, se ha convertido en  el motor de mi vida.

He practicado diferentes tipos de yoga (Sivananda, Vinyasa, Iyengar, Anusara…) y me he formado como profesora de Hatha Yoga aunque, sin duda, el flechazo fue en 2003 con el Ashtanga. Su estilo para sacarte de la zona de confort y plantarte delante la realidad del cuerpo y la mente no pasa desapercibido. A través de esta práctica dinámica no queda otra que aceptar el cambio constante, rendirse al presente, respirar… y abandonar la lucha mental, si se espera hallar algo de paz interior.

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Para acompañar este conocimiento de «lo físico», practico meditación Vipassana  (la cual incorporo a mi práctica de asanas diaria). Además, me he formado en varios tipos de masaje (reflexoterapia, quiromasaje, shiatsu) que me han ayudado a ampliar mis conocimientos sobre anatomía y así comprender un poco más cómo funciona el cuerpo humano.

Me siento afortunada por haber sido alumna directa de Shri K. Pattabhi Jois (Guruji) en varias ocasiones desde 2003 y haber viajado a Mysore (India) para profundizar en este sistema inabarcable años después.

Desde 2003, mis grandes maestros han sido Camino Díez y Tomás Zorzo (Rama). A ellos les agradezco infinitamente mis inicios, mi continuidad y mi evolución espiritual a través de la práctica de un yoga verdadero. No hay palabras para expresar todo lo que me han enseñado y aportan a mi vida.

Gracias a Borja Romero-Valdespino quien también me ha enseñado mucho en mi práctica y manera de enseñar. También siento un gran agradecimiento para mi querida Natalia Paisano por su gran energía y fuerza contagiosa que transmite en sus clases y por su manera de ver la vida.

Gracias también a los que no nombro y, sobre todo, a todos los estudiantes con quienes me he cruzado. Sois mi constante fuente de inspiración y aprendizaje, compañeros todos en este camino.

Om Shanti

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