Zazen, la meditación Zen

Minientrada

Sentaremos las bases de una tradición milenaria, de la mano de un meditador experimentado. Una introducción teórico-práctica sobre los fundamentos del budismo Zen.

Grupo reducido (máx. 10 personas)
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Pranayama, cómo llevar la cuenta

El cuarto paso (o rama) del yoga de Patanjali es Pranayama: Prana significa “energía vital”, mientras que ayama significa “expansión, manifestación o prolongación” de esa energía. Así que Pranayama no solo se refiere a los ejercicios de respiración que se practican en una clase de yoga, sino que tiene un efecto mucho más poderoso.

Cuando nadie nos guía la práctica de pranayama, es fácil perderse mientras nos encontramos haciendo cualquier ejercicio de respiración. Una de las maneras más útiles y sencillas de llevar la cuenta del número de respiraciones (compuesta de sus dos fases: inhalación-exhalación) que a mí me ayuda mucho y siempre hago es la que os muestro en la foto.

Numeramos las falanges de los dedos para hacer rondas de 12 respiraciones

Mientras la mano derecha descansa sobre la rodilla derecha con las yemas del dedo índice y pulgar en contacto (chin mudra, jnana mudra, gyan mudra…), vamos recorriendo con el pulgar izquierdo las falanges de la misma mano tal y como aparecen numeradas en la imagen cada vez que inhalemos y exhalemos. Por ejemplo, inhalo y exhalo (1), inhalo y exhalo (me muevo al 2), inhalo y exhalo (me muevo al 3)…

También podemos recorrer las falanges haciendo una espiral de afuera hacia dentro, que es la manera más tradicional. Empezaríamos en el num. 1 y terminamos en el num. 8. El recorrido sería el siguiente: 1, 2, 3, 6, 9, 12, 11, 10, 7, 4, 5, 8)

Espero que os ayude, namasté!

Ashtanga Yoga, Yama. Profundizando en el camino.

Samma Ashtanga Yoga

¿Qué es «Ashtanga Yoga»? Yama

Si traducimos Ashtanga, ashto significa «ocho» y anga «rama» o «etapa».

El famoso indio Patanjali, que vivió hace más de 2000 años, asigna ocho ramas al árbol del yoga y cada una de ellas representa una etapa o un paso en el proceso de realización personal.

Por otro lado, Ashtanga Yoga también hace referencia a un tipo de yoga desarrollado por Krishnamacharya (considerado padre del yoga moderno) y Pattabhi Jois. Se trata de un estilo dinámico que sincroniza respiración y posturas (vinyasa); a cada inhalación o exhalación le corresponde un movimiento.

Dentro de la definición del sabio Patanjali encontramos pues que Ashtanga Yoga se divide en ocho ramas para conseguir la autorrealización del Ser: Yama (códigos morales), Niyama (purificación personal y estudio), Asana (postura), Pranayama (regulación de la respiración), Pratyahara (control de los sentidos), Dhyana (concentración), Dharana (meditación) y Samadhi (contemplación).

Aunque comúnmente nos…

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¿Qué esperas de una clase de yoga?


Físico, superficial, estético… donde se muestra un cuerpo equilibrado haciendo bonitas posturas en algunos casos retadoras y que retan a nuestro ego silencioso: “Yo también quiero, yo puedo hacer eso”. ¿Te es familiar? Esa es la imagen de los últimos años en las redes sociales que nos acribilla, nos confunde, capta nuestra atención y se toma la libertad de decirnos qué es el yoga o, hablemos con propiedad, de lo que es hacer posturas, nada más.

Pero, ¿qué esperas aprender/encontrar en una clase de yoga? ¿Posturas que la mayoría no pueden hacer, para que tu ego se muestre más aún? ¿Posturas para quitarte el dolor de espalda? ¿Pasar un rato de seudo-hipnosis a través de una voz melodiosa que te guía por un paisaje imaginario en donde tus problemas desaparecen durante una hora? 

Toda esas razones pueden o no ser perfectas, pero son lícitas y, más aún, comprensibles —teniendo en cuenta el ritmo diario de nuestras vidas y el desorden en el que vivimos. Sin embargo, son solo una ínfima parte de lo que el yoga abarca y puede aportarte. Aun así, suponemos que solo estás interesad@ en la parte más externa, la física, que no te interesan ni los mantras ni la filosofía ni el rollo ese de sentarte a meditar. Nada más que quieres relajarte un poco después de un día intenso y no te apetecen muchas complicaciones: Llegas a clase, sigues la voz del profesor con la intención de pasar un rato agradable y de desconectar de todo y, de repente, esa pequeñísima parte del yoga que has decidido vivir pone tu cuerpo, tus emociones y tus expectativas patas arriba sin tú quererlo. ¿Qué haces, entonces?


Quizás aún no sepas que cuando uno se adentra en este camino llamado “YOGA”, pronto llega “algo” incómodo a tu vida que no es fácil y que además no puede serlo. Aunque nos quedemos en lo más superficial de este modo de vivir, de esta práctica que dura veinticuatro horas, en poco tiempo nos daremos cuenta de que nos empapa por dentro y nos remueve. Y nada tiene que ver con la flexibilidad de nuestras piernas. Ese “algo” pone nuestro mundo del revés, nos abre las puertas y las ventanas de nuestra casa, para mostrarnos partes de “nosotros” que no habíamos visto antes, que no queríamos ver o que no sabíamos de su existencia.

El yoga nos genera dudas, crisis, pereza, miedo, dolor, aunque no duela el cuerpo, o sí… y si no sabemos cómo gestionar toda esta marabunta interna invisible que nos arrolla y desconocemos, lo más probable es que abandonemos la práctica al poco tiempo. Un año… dos? O quizás antes.

Pues bien, cuando todo eso ocurre en nuestro interior, solo podemos hacer una cosa, profundizar más allá de lo externo, caminar con nuestra respiración y observar con ecuanimidad. Al igual que nadie se muere durante una crisis de ansiedad, nadie se muere por observar sus miserias. Al contrario, nos purifica reconocerlas y sacarlas a la superficie. Es liberador. En el fondo, se trata de renunciar a lo que creemos ser, para ir hacia nuestro verdadero Ser, se trata de quitar capas y capas y más capas… Esta visión, más allá del entendimiento a nivel cognitivo que es el más sencillo, en la práctica duele e incomoda y mucho. Eliminar las protecciones de NUESTRA cebolla, la mejor, la que conocemos, y que llevamos colocando años una tras otra y nos gusta, porque nos define como persona, no es nada agradable. A cambio, cada vez que des un paso hacia tu núcleo, sentirás una ligereza increíble en tu corazón y te acercarás más a un estado de paz interior infinita.

Saber respirar, observar, permanecer en cada uno de esos baches, porque serán cientos y durarán una vida, será arduo y las asanas (posturas) serán el primer peldaño que encontremos el cual nos conducirá hacia nuestro verdadero Yo (siempre que el enfoque sea el correcto). Después, no solo hallaremos un mar de autoconocimiento, sino mucho más…


Dedicado con todo mi amor y agradecimiento a mis alumn@s, a tod@s los que están o han pasado por la sala. Espero que os ayude a poner un poco de luz a toda la confusión que nos rodea y consume. Y sabed que os entiendo, que esto que hacemos no es fácil y requiere de gran valor y fuerza interior.

Sandra.

CIENTÍFICOS DESCUBREN CÓMO LA RESPIRACIÓN AFECTA LOS ESTADOS MENTALES

INVESTIGADORES DESCUBREN LAS “NEURONAS PRANAYAMA”

En la tradición budista tibetana se dice que la mente monta el caballo de los vientos (rlung). Si bien el concepto de “vientos” se refiere a la energía sutil, también abarca la respiración y sugiere que la mente está estrechamente ligada a la respiración. Esta misma asociación ocurre en el hinduismo con el prana. Ambas tradiciones entienden que la conciencia y la energía no pueden separarse (la energía es, en su aspecto más obvio, representada por el aire o el aliento).

Milenios después los científicos han descubierto que existe una relación íntima entre la respiración y los estados mentales que, según la versión de la ciencia, son generados por el cerebro. Kevin Yackle, de la Universidad de California en San Francisco, ha llamado a un nuevo tipo de células “neuronas pranayama”, debido a su función vinculando el ritmo respiratorio con una respuesta emocional. En el estudio realizado se descubrió que, cuando está neurona era destruida en ratones, éstos inmediatamente entraban en un estado de relajación. Yackle cree que esto explica por qué la respiración profunda produce efectos de relajación. Estas neuronas son responsables del control de la respiración y conectan con una región que controla el estado de alerta. 

En el experimento, mediante un fármaco se logró que sólo estas neuronas fueran destruidas; cuando esto ocurrió los ratones empezaron a respirar más lentamente, se dedicaron más a asear su cuerpo y pasaron menos tiempo explorando y olfateando sus alrededores. Los investigadores describen a sus ratones como “super chill out“. 

Los científicos señalan que los resultados sugieren un potencial terapéutico al poder regular estados emocionales con patrones de respiración, ya sea que esto ocurra con un entrenamiento (como en el caso del yoga) o con fármacos que en un futuro podrían desarrollarse para atacar a estas neuronas, llamadas preBötC.

Fuente: pijamasurf.com

¿Cómo medimos la práctica de yoga de una persona? ¿Qué significa “ser bueno en yoga”? Reflexión de Mark Whitwell

“How do we measure a person’s yoga practice? What does ‘being good at yoga’ even mean?

What if it’s not how long they hold a handstand…
Or how deep their forward bend is…
Or if they can balance on one arm…
Or if they can power through 108 sun salutations without breaking a sweat…
Or how tight their ‘yoga body’ is…
Or if they can sit on their bum doing nothing for hours at a time…
Or if they can see pretty blue flashing lights above their crown….
Not even if they can manufacture bliss-states from time to time.

What if a person’s yoga practice was measured in how good a listener they become…
In a lessening of reactivity to other people’s bullshit…
In their ability to see the best in others and love it… even the most annoying people…
In their kindness…
In their capacity for sincerity…
In their naturally reduced need for stimulating pleasures that were adopted to compensate for the eclipsed pleasures of breath and being…
In their ability to say things clearly without fear of what people will think…
In their perspective on the world.

If this stuff isn’t developing naturally — not as a fake performance — then it could be that our yoga isn’t actually yoga. Awkward.

Real yoga is about clarity of mind and perception, by linking the dissociative and solipsistic brain back up with the whole body, which is already nature, the power of life.
And it does matter, not just as pedantry, because we urgently need more love and less reactivity, and more clarity and less consumerism”.