¿Cómo medimos la práctica de yoga de una persona? ¿Qué significa “ser bueno en yoga”? Reflexión de Mark Whitwell

“How do we measure a person’s yoga practice? What does ‘being good at yoga’ even mean?

What if it’s not how long they hold a handstand…
Or how deep their forward bend is…
Or if they can balance on one arm…
Or if they can power through 108 sun salutations without breaking a sweat…
Or how tight their ‘yoga body’ is…
Or if they can sit on their bum doing nothing for hours at a time…
Or if they can see pretty blue flashing lights above their crown….
Not even if they can manufacture bliss-states from time to time.

What if a person’s yoga practice was measured in how good a listener they become…
In a lessening of reactivity to other people’s bullshit…
In their ability to see the best in others and love it… even the most annoying people…
In their kindness…
In their capacity for sincerity…
In their naturally reduced need for stimulating pleasures that were adopted to compensate for the eclipsed pleasures of breath and being…
In their ability to say things clearly without fear of what people will think…
In their perspective on the world.

If this stuff isn’t developing naturally — not as a fake performance — then it could be that our yoga isn’t actually yoga. Awkward.

Real yoga is about clarity of mind and perception, by linking the dissociative and solipsistic brain back up with the whole body, which is already nature, the power of life.
And it does matter, not just as pedantry, because we urgently need more love and less reactivity, and more clarity and less consumerism”.

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Horario JULIO (1 al 27)

LUNES y MIÉRCOLES  *19:30 a 21:30

MARTES y JUEVES  7:05-8:30  y *9:15-11:15

VIERNES  *18:30-20:30

(cerrado del 28 de julio al 31 de agosto)


*La puerta se abre 15 minutos antes de la clase (excepto a las 7:05 que se abre a esa hora).

¿Nuev@ en Ashtanga?

¡Bienvenid@!

El Ashtanga es un poderoso sistema de yoga que otorga gran fuerza y flexibilidad al cuerpo, mientras que ayuda a desarrollar la concentración y a preparar la mente para la meditación.

Si eres principiante o nunca has hecho nada de yoga antes, no importa. Para empezar tienes el MES DE INICIACIÓN que incluye ocho clases, a repartir durante el mes (del 1 al 31) cuando prefieras: tanto en horario de mañana como de tarde. En este mes, aprenderás este sistema de yoga poco a poco, a tu ritmo, y adaptando las posturas si fuera necesario. Ten paciencia contigo mismo, sé constante y ¡pronto sentirás los beneficios!

Aquí tienes algunas recomendaciones. Por favor, léelas atentamente:

-La hora de comienzo de las clases es flexible, no obstante, intenta respetar la hora de entrada del horario y la de finalización.

Apaga el móvil o ponlo en modo avión (sin vibrador).

Mantén el SILENCIO al entrar, al salir y durante la clase.

Informa al profesor de lesiones ANTES de la clase, para poder hacer las adaptaciones necesarias.

-Es aconsejable ducharse antes de la clase. Respeta las normas de higiene.

-En la sala hay esterillas pero se recomienda traer una propia y una toalla pequeña. Si comienza la temporada de calor es obligatorio tener una esterilla de algodón para colocar sobre la esterilla en caso de que sea prestada.

-Lleva a la sala lo mínimo contigo: menos distracciones = más atención.

-Trata de no comer mínimo 2-3 horas antes de la práctica y de no beber agua durante la clase.

-Se recomienda descansar los 2-3 primeros días del ciclo menstrual.

– Este método tradicionalmente se practica 6 días a la semana, así que para obtener el máximo beneficio se requiere compromiso, paciencia y dedicación. Si eres principiante intenta practicar como mínimo 3 días a la semana, para ir aumentando el número de días progresivamente a medida que pasen los meses.

Si tienes cualquier duda contáctanos y la resolveremos lo antes posible.

https://wordpress.com/page/sammaashtangayoga.wordpress.com/265

¿Es difícil practicar Ashtanga Yoga?

Si te tropiezas con alguien que te diga que el Ashtanga es complicado sin más, perdona, pero quizás esa persona no conozca mucho este yoga.

Puede que quien te lo haya dicho solo haya tenido un contacto superficial, de oídas, por vídeos y en el mejor de los casos… ¿quizás unos meses de práctica inconstante? Al final, los juicios de valor instalan en nuestras mentes ideas que, de alguna manera, pretenden condicionarnos, así que es importante tomar conciencia sobre lo que decimos y lo que escuchamos y cómo lo hacemos, pues puede influir en nuestro camino y el de otros de manera decisiva. Con lo cual, si alguien te dice que el Ashtanga es un yoga muy difícil, asegúrate de que quien lo afirme conozca bien este estilo, que como mínimo se haya tomado la molestia de aprenderlo durante un periodo de tiempo lo suficientemente significativo como para formase una idea sólida de él y no apenas unos meses.

Lo que implica el adjetivo «difícil» es tan subjetivo que pierde su valor de manera categórica casi automáticamente. Quizás, lo más afortunado sería relativizarlo: «Para mí, es difícil» o «en mi caso, me costaba bastante esta o la otra postura», etc. Pero una afirmación tan general que abarca el todo y sentencia como «el Ashtanga es un yoga muy difícil» o «es solo para gente que hace deporte», me atrevería a decir que es una arbitrariedad nacida de la ignorancia, pues lo que para unos es complicado para otros no lo es. Además, explícame, difícil en qué sentido: ¿Falta de concentración? ¿Físicamente? ¿Poca voluntad para practicar de manera constante? Lo cierto es que el Ashtanga ha tenido mala fama —yo misma he oído cosas negativas de primera mano sobre él—, posiblemente debido a una enseñanza poco adecuada de algún profesor poco experimentado con un método poco ortodoxo y, ¡esto no significa imitar los movimientos o la voz de Guruji durante la clase o enrollarse en la cintura su mismo pañuelo!  O también de alumnos con una actitud poco positiva o receptiva que se fijan más en los obstáculos que en los avances, aunque, ¡por supuesto que no tiene por qué gustar a todo el mundo!

Por otro lado, puede ser que cuando un principiante pone un pie por primera vez en una clase de Ashtanga Yoga, alucine un poco al ver cómo algunos de los allí reunidos realizan posturas que parecen «imposibles». Pero perdemos de vista varias cosas: que en este estilo de yoga es habitual que los niveles se mezclen, lo cual tiene un fin motivante; y que es@ ashtangui que nos sorprende lleve varios años de práctica continuada y comprometida, con lo cual sería injusto subestimar sus horas de dedicación al pensar que ha conseguido realizar ciertas posturas por casualidad o de manera natural.

Aun así, es curioso cómo nuestra mente-atención de manera automática siempre va hacia lo más llamativo, bien para alentarnos, bien para hundirnos y decirnos que eso no es para nosotros. En cualquiera de los casos, estos son uno de los miles de juicios involuntarios que nuestro querido ego emite constantemente. Sería interesante darnos cuenta de cuál es nuestro caso y, ya puestos a elegir, mejor que nuestra versión fuera la positiva, la de una práctica que despierta nuestra motivación, en vez de tirar la toalla sin ni siquiera haberlo intentado.


Una de las palabras que curiosamente más recuerdo mientras estudiaba en la facultad es «scaffolding» que significa «andamiaje» y se refiere al conjunto de ayudas u orientaciones que facilitamos a los niñ@s en las escuelas, para mejorar su aprendizaje. Este interesantísimo concepto del psicólogo ruso Vygotski está relacionado con lo que él llamaba Zona de Desarrollo Próximo (ZDP), es decir, la distancia que hay entre lo que el alumno puede hacer por sí solo (desarrollo efectivo) y con ayuda de alguien (desarrollo potencial).

El andamiaje se sitúa, pues, como un puente para que el estudiante camine desde su desarrollo efectivo hacia su desarrollo potencial con ayuda externa o, por qué no, a través de la observación del compañero mientras realiza una postura. Y es que, aunque durante la práctica tenemos que mantener nuestra mirada enfocada en los dristis, a veces es inevitable que se nos vaya un poco el ojo hacia el de al lado para aprender desde otra perspectiva, lo cual no creo que sea un error, sino más bien el uso de estrategias personales (aunque sí deberían ser puntuales con el fin de no perder la concentración).  De este modo, si aplicamos este concepto al yoga podemos observar que cada alumno tiene una manera de aprender: unos primero prefieren mirar cómo haces la postura, otros prefieren experimentar de primera mano, otros necesitan una referencia visual como una hoja en donde aparezca la secuencia…

El andamiaje también implica adaptarnos y reconocer, dentro de nuestras posibilidades y las de este yoga, el estilo de aprendizaje de cada persona, y eso es lo que intento respetar en las clases. Cada practicante es un mundo con su propia concepción de él, distinto al de la persona que está al lado. De este modo, con un poquito de pedagogía, otro poco de psicología, sentido común y experiencia, se intenta ayudar y guiar a las personas interesadas en profundizar en la práctica de Ashtanga para que rompan sus limitaciones POCO a POCO, avanzando en su ZPD y no más allá.

Por tanto, podríamos decir que el Ashtanga Yoga es ese yoga que nos permite llevar a cabo un sueño tan perseguido en educación como lo es el poder enseñar a cada alumno a su ritmo, respetando sus propios tiempos y maduración (en cada postura), de manera individualizada y, en algunos casos, adaptando la práctica temporalmente para facilitarla.

De esta manera, cuando oigo que el Ashtanga es difícil, para mí no tiene ningún valor (al igual que cuando alguien me dice: «Es que no tengo flexibilidad»), porque una clase de Ashtanga no es guiada para todos a la vez todos los días y no hay que seguir ningún ritmo general de la clase ni el de otros, eso sí sería imposible para un principiante.

¿Es, entonces, el Ashtanga un yoga difícil? En mi opinión, no, en absoluto, de ninguna manera.

Solo podría ser difícil si entras en una clase guiada tu primer día y el nivel no es el que te corresponde. Pero entonces, deberías saber dos cosas: que lo que has hecho no sea realmente Ashtanga, sino un sucedáneo/adaptación para llegar/captar a tod@s los que están en la clase; el profesor o el centro donde asistes no tiene mucha experiencia en cómo se enseña este método y qué es realmente Ashtanga.  En definitiva, este yoga debe aprenderse de manera tradicional, es decir, en las clases llamadas «estilo Mysore» en donde cada uno sigue su propio ritmo. No es lo mismo un alumno con una práctica de diez años, que realiza muchas posturas y seguramente está en la segunda o tercera serie, que un principiante que empieza con la respiración y los Saludos al Sol desde cero.

Así que no nos dejemos asustar por la famosa «dificultad» de esta práctica, creyendo que nos van a obligar a hacer posturas de circo el primer día, porque es todo lo contrario, y démosle una vuelta a este concepto: convirtámoslo en un reto, una transformación beneficiosa y respetuosa para nuestro cuerpo y mente, lo cual es motivador, positivo y siempre está a nuestro alcance, si damos con un profes@r con experiencia que sepa enseñar y trasmitir este estilo, ¡y hay muchos!

Namasté

¿Qué hago si mi cuerpo está lesionado? O ¿si noto molestias en mi cuerpo con cierta intensidad? 

apego

De apegar.

  1. m.Afición o inclinación hacia alguien o algo

ego

Del lat. ego ‘yo’.

  1. m.Psicol. En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos de ello, los ideales del superego y la realidad del mundo exterior.
  2. m.coloq. Exceso de autoestima.

Cuando me duele alguna parte de mi cuerpo, en realidad mi mente es la parte que más sufre por algo que en el fondo no deja de ser nada más que un cambio. El apego y el ego no permiten la transformación verdadera la cual no se dirige hacia los planes que nuestro ego tenía.  

Lo cierto es que tengo muchos más días de estos que de los otros (de los ligeros y flexibles), así que si me los tomara en serio entonces dejaría de salir, de experimentar, de hacer, de vivir. Pero, este cuerpo pesado, dolorido, rígido… ¿Te suena? Noto como mi mente salta de una emoción a otra, de un pensamiento a otro, de un dolor a otro. Se angustia por momentos y, en la mayoría de los casos, sin poder evitarlo: hasta que arrancas es lo peor, después no es para tanto, si mantienes una atención adecuada. Pero una idea se cuela en tu práctica y te la vuelve a jugar en la primera flexión sobre tus piernas:  «¿De quién es esta espalda y estos isquiotibiales de madera? ¡Míos, no! ¡Ayer no los tenía!».

Sí, es cierto, ayer no eran los mismos, pero ayer era ayer y ahora es ahora, así que ya da igual. El cuerpo cambia y no necesariamente a mejor, tampoco a peor. Si a estas alturas aún no te has dado cuenta es que no has estado haciendo YOGA, sino cualquier otra cosa que al menos espero que haya sido beneficiosa para ti en algún sentido.

Cuando el cuerpo tiene sensaciones intensas, burdas, parece que todo se resume en músculos y articulaciones. Sensaciones clarísimas que van y vienen, acompañadas de una mente también intensa, seguramente inestable. No existe más rodilla que la que duele ni más hombro que el lesionado. Y aunque es tremendamente complicado enfocar la mente durante un rato por motu proprio, cuando se trata de un dolor ¡Ja!, lo difícil es sacarla de esa zona todopoderosa a la que vuelve con una habilidad que no reconoces como tuya. La zona cervical sobrecargada se convierte en el centro del cuerpo y las muñecas débiles en el único punto de apoyo. Pero, no es cierto, hay más cuerpo además de ese isquiotibial dolorido y maneras de permanecer en una postura cuando una parte de él molesta. Anímate, ¡hay opciones!, tantas como tu mente te deje ver si tú quieres. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que, aun así, nuestra práctica está guiada por la batuta de un pensamiento condicionado, obsesivo, experto en comparar, medidor, analítico, crítico, destructivo, inseguro… He visto a practicantes de yoga llorar a causa de su mente, sin embargo, todavía no he visto a ninguno hacerlo por un fuerte dolor de espalda tras una postura (no contamos las excepciones que siempre están).

La angustia que genera una mente que ordena al cuerpo hacer esto de esta manera u otra es casi inhumana y su fuerza también. No le gusta cambiar de perspectiva ni que le cambien las metodologías o las tradiciones. Quiere pasar siempre por ese mismo filtro bajo el cual se justifica a base de verdades universales y absolutas. Pero todo se resume a que tu querido ego sabe que perderá su poder si no es quien orquesta tu vida.

La mente genera un dolor infinitamente más profundo que el físico. Y su fuerza es capaz de llevarte a tirar de tus dedos gordos hacia a ti tanto que tus isquiotibiales se despeguen de tus huesos. ¿Dónde estás TÚ, cuando esto ocurre? Posiblemente perdid@ en algún pensamiento, deseo o escuchando un canto de sirena muy agradable.

El yoga te saca de la zona de confort y, por «desgracia», esto no se llega a entender hasta que la rodilla te pega un chasquido y te tiene en vilo meses o el hombro te cruje al atar un Marichyasana. También te saca de tu zona debido a que, en muchas ocasiones, la práctica es incómoda, sí, incómoda. Porque sin darte cuenta (otra vez) te has puesto metas que, aunque con falsa humildad no tienen fecha, esperas que lleguen en algún momento como recompensa, y estas tardan y tardan en llegar, y vienen y se van… «Pero ¿qué pasa?». Pues nada, ¿qué debería pasar?

 Y ¿por qué nos ocurren estas cosas dentro y fuera de la esterilla? Pues o por accidente, lo cual es algo a lo que todos estamos expuestos; por traspasar esos límites de súper-mujeres-súper-hombres impulsados por, de nuevo, nuestro gran amigo «ego»; o se me ocurre que por inocencia, al pensar que toda acción da sus frutos (bien hasta aquí), pero de la manera en la que habíamos planeado (error).

Nuestro amigo ego no va a desaparecer ni ese parloteo cansino que se trae día y noche, pero sí es nuestra labor reducir su poder sobre nuestros actos o al menos aprender a seguir nuestro camino sin escuchar sus mensajes. Observarlo es lo más inteligente, conocerlo en profundidad y crear distancia. Conclusión: no podemos librarnos de él y ni siquiera desear su desaparición, porque ese deseo nacería del propio ego. Entonces, ¿qué hacemos? Pues es muy sencillo: practicar con los «ingredientes» con los que contamos hoy y aceptar lo que hay. Respirar de manera armoniosa y consiente, activar los bandas o cierres, mantener los dristis o miradas en puntos. Darnos cuenta de todo este proceso maravilloso de conexión con uno mismo y de cuándo la atención se ha ido tras algún ego-pensamiento, para volver lo antes posible a casa. Mantener una práctica en donde la fe y el amor sean los principales motores, porque nunca sabes cuándo llegarás a…

El yoga es uno de esos caminos en donde lo importante es el proceso y no la meta. Y no es un tópico, es así, sencillamente porque las variables con las que jugamos son MUY inconstantes y, por ello, no tiene mucho sentido ponerse meta-s que pueden variar y mucho con el tiempo, dar un giro y en otras ocasiones retroceder en un sentido, pero avanzar en otro.

¿Lo más importante es la postura? La asana es el medio a través del cual desarrollamos nuestra conciencia, atención, concentración. Es un regalo, un hábito saludable a nuestro cuerpo con múltiples beneficios. Pero estos solos pueden ocurrir en ausencia del ego, esto significa que este camino purificador solo ocurre en TU presencia, y se da con unas condiciones: en el presente, aquí y ahora, con amor y con atención.

Todo lo demás: miedos, suposiciones, imaginaciones, divagaciones, planes… no sirven para que se dé esta transformación. Pero si tu motor es el bienestar físico, entonces presta más atención a ese diálogo con el que nos solemos identificar y nos estorba más que ayudarnos. No vaya a ser que estés estirando más de la cuenta las piernas y al levantarte tengas la espalda tan dolorida que no puedas ponerte ni de pie.

Y en el caso de que una tragedia física ocurriera mañana, ¿qué podría pasar? Si practicas para tu mente, ¿hasta qué punto tiene importancia lo que suceda en tu cuerpo? Siempre que nuestra salud física y algunas variaciones de posturas nos permitan seguir desarrollando nuestra superación, ecuanimidad, paz interior, aumentar nuestra concentración, etc. todo estará bien. De hecho, un dolor intenso o lesión inesperada nos puede enseñar mucho más que una práctica cómoda, por ejemplo, a aceptarnos y a respetar nuestros límites reales, a querernos más, a escucharnos, a darnos cuenta de que desenrollar la esterilla debe contener grandes dosis de amor y no el deseo de dañarnos con el fin de avanzar hacia, ¿dónde? Da igual lo lejos que llegues en las posturas, el camino del yoga nos ayuda a trascender el cuerpo a través de las asanas SIN APEGO.

Así que mi experiencia me dice que vivas el presente tanto como puedas permitírtelo, sin que la motivación principal sea aferrarte a los resultados que lleguen o puedan llegar, porque algún día quizás los pierdas y ya te adelanto que el día que eso ocurra no pasará nada si has guiado tu práctica de manera adecuada. Lo aceptarás, sonreirás y serás igualmente feliz.

Namasté
Sandra

¡Sharath Jois visita Madrid!

El guru de Ashtanga Yoga enseñará por primera vez Madrid. Aquí os dejo el cartel oficial con las fechas de las clases.
Si estáis interesad@s y queréis apuntar@s, enviad un correo electrónico a Mysore House Ashtanga Yoga.

Namasté

sharath

Horario diciembre y enero

Ya tenemos el horario y precios disponibles para las clases de Ashtanga de diciembre y enero con una OFERTA para clases ilimitadas.

Mes de iniciación (incluye 8 clases, del 1 al 31 de cada mes)……35€
Clase de prueba (para quienes no han hecho nunca Ashtanga)……10€
Clase suelta……12€

DICIEMBRE
OFERTA DICIEMBRE ILIMITADO……65€
Mañanas……50€
Bono 4 clases….…40€
Bono 8 clases….…60€

ENERO
OFERTA ENERO ILIMITADO……65€
Mañanas……55€
Bono 4 clases….…40€
Bono 8 clases….…60€